Cuando amanezca de nuevo, busca ese rincón del alma donde solo has conocido alegría, ese lugar que guarda la memoria de lo simple, lo verdadero, lo que te hizo sentir vivo sin pedir nada a cambio. Cierra los ojos e imagina un paisaje en calma, donde todo vuelve a nacer a tu lado, donde el tiempo no pesa y el corazón descansa.
Cuando la luz del nuevo día toque tu rostro, recuerda lo mejor de ti, lo que te sostuvo, lo que te sanó. Deja atrás la tormenta que ya pasó, acepta lo que ahora ves con claridad: un oasis real, hecho de tus anhelos más profundos. Lanza al mar todo lo que te pesa, todo lo que ya no eres, y vuelve a amar con libertad. Porque cuando el amor verdadero llegue —y llegará—, sentirás lo que nunca creíste posible y verás, al fin, lo que tanto deseaste.
Cuando amanezca otra vez, deja que la felicidad te encuentre donde el pasado no tenga poder, donde el presente sea un espacio limpio y abierto. Descubrirás que el verdadero amor ha estado siempre cerca, sanando tus heridas en silencio, esperándote con paciencia.
Y cuando el sol vuelva a nacer, cuando el primer lucero se asome al cielo, pide tu deseo más sincero. Camina sin prisa por el sendero de la verdad y permite que cada nuevo amanecer te recuerde el regalo que es vivir. Ama, agradece y vuelve a empezar. Porque cada mañana es Dios diciéndote suavemente: “Todavía puedes.”
Encar
www.reflejosdeluz.net




















