La unión de colores en el cielo, como la unión de vivencias en nuestra vida, es un misterio lleno de significado. Cuando el rojo pasión se mezcla con el verde esperanza, nace el color tierra, recordándonos que somos barro moldeado por Dios, sostenidos por la fuerza de la fe y el fuego de nuestros sueños. Dar se vuelve más bello que recibir, porque la vida, como el barro, es un don ofrecido cada día para ser modelado desde nuestra autenticidad.
El azul, símbolo de paz y profundidad, al unirse con el amarillo de la sabiduría y la energía, despierta en nosotros la serenidad del amor verdadero, ese que tal vez no siempre vemos, pero que permanece encendido en lo más hondo del alma. Cuando el negro, con su fuerza y misterio, se encuentra con el blanco lleno de luz y bondad, surge el gris, reflejo de los matices de la vida, de sus contrastes y equilibrios, que nos enseñan a comprender quiénes somos y hacia dónde caminamos.
El naranja, lleno de vitalidad, nos recuerda que estamos vivos, que siempre hay tiempo para comenzar de nuevo, aceptando con alegría nuestras grandezas y limitaciones. El púrpura une la energía con la profundidad, hablándonos de un Dios presente en nuestro sentir, en el amor, en la lucha, en cada lágrima y en cada sonrisa.
El color marrón nos habla de entrega silenciosa, de un corazón que se ofrece con humildad para hacer feliz a los demás, mientras que el rosa, suave y profundo, representa nuestra capacidad de amar y de crecer en el amor de Dios, venciendo obstáculos con ternura.
Incluso la ausencia de color tiene sentido: refleja momentos de vacío, de confusión, pero también de búsqueda. Porque en cada etapa, aún en la sombra, hay una oportunidad de crecer, de sanar, de volver a brillar.
Dame tu mano, amigo, y caminemos juntos por este arco iris donde Dios mezcla creación, emociones y caminos. Entreguémosle lo que somos, lo que vivimos, dando gracias por cada color, incluso los que duelen, porque también ellos nos enseñan a crecer. Pintemos con nuestra vida un lienzo único, lleno de amor, perdón y amistad. La vida es mezcla, no perfección. Somos obra en proceso, pincelada tras pincelada, misterio tras misterio, descubriendo a cada paso los colores que forman lo que somos.
Encar
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