Crecer


Muchas veces atravesamos momentos difíciles en los que debemos decidir qué rumbo tomar. A veces, elegimos bien y la alegría nos confirma el acierto: eso también es crecer. Otras veces nos desanimamos antes de volver a intentarlo, y sí… eso también es crecer.

Crecer: una palabra sencilla, pero profundamente significativa. Implica avanzar incluso cuando todo parece detenerse. Porque hay días en que la tristeza, el desgano o la soledad nos paralizan. Buscamos alivio en lugares equivocados, llenamos vacíos con personas vacías y terminamos más perdidos que al inicio.

El dolor, muchas veces, se esconde detrás de una imagen que no nos representa. Fingimos fortaleza mientras el alma grita en silencio. El camino hacia la felicidad puede parecer inalcanzable, lleno de grietas y pantanos… y olvidamos que ser feliz comienza por reconocer el valor de simplemente ser.

Aun así, tarde o temprano, desde lo más profundo surge una luz. Una chispa de amor por la vida, por nuestra propia existencia. Es esa fuerza interior —mezcla de instinto, fe y deseo de vivir con sentido— la que nos permite volver al camino: el del amor, el de lo esencial.

A veces necesitamos tocar fondo para reencontrarnos con nuestros valores. Redescubrimos, entonces, la belleza de lo simple: las pequeñas cosas, los gestos cotidianos, lo verdaderamente humano.

La felicidad está dentro de nosotros. Cultivarla y compartirla requiere esfuerzo, dedicación, tiempo… y, sobre todo, amor.
Porque poder amar —a otros y a uno mismo— es también una forma de crecer.



Artículos relacionados