Persistir…


El alba despierta con el ímpetu de nuestras metas, un desafío constante que se libra a cada instante contra la sombra de la noche.

La generosidad y la entrega no son senderos fáciles, como bien lo sabemos. Ningún camino hacia la cima está exento de sacrificio, de noches sin dormir y de una dosis de audacia. Sin embargo, si persistimos en el empeño diario de superarnos y de ofrecer lo mejor de nosotros mismos por causas nobles y justas, la recompensa llegará.

Persistir es atreverse, es acompañar, es proteger aquello que nos apasiona y anclarnos en nuestras convicciones. Es dejar atrás lo negativo y permitir que el tiempo revele la grandeza de nuestro presente.

Persistir en la fe es aferrarnos con fuerza a la guía divina que acompaña cada paso en nuestro camino. Persistir, en definitiva, es amar.



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