Subidas y bajadas


Las subidas y bajadas son parte natural de la vida.

Lo extraordinario es, precisamente, que lo normal sea tener altibajos. Todos, en algún momento, somos vulnerables al dolor, la soledad, la inseguridad o el miedo… pero también estamos profundamente hechos para la alegría, el amor, el esfuerzo, el cariño y la libertad.

Nuestro corazón lo sabe bien. El electrocardiograma —esa representación gráfica de su actividad— lo demuestra con claridad: la vida se refleja en líneas que suben y bajan. Lo verdaderamente alarmante sería una línea recta… porque esa no indica calma, sino ausencia total de vida.

Así también somos nosotros: nuestras emociones, pensamientos y experiencias oscilan entre la esperanza y el desaliento, entre el problema y la solución, entre el silencio y la palabra, entre la tristeza y la celebración.

Por eso es tan importante no caminar solos. Que en las bajadas haya alguien que nos abrace sin juzgar, y que en las subidas haya alguien que celebre con nosotros sin envidia ni prisa. Porque vivir es compartir. Porque el corazón no solo late, también se acompasa al ritmo de quienes amamos.

La vida no se recorre en solitario. Somos seres sociales, necesitados de afecto, escucha y consuelo. En los descensos, el amor nos sostiene; en las cumbres, el amor nos enaltece.

Y hoy, nuestro corazón sigue latiendo… lo que significa que estamos vivos.
Y si estamos vivos, es porque Dios —en su inmensa generosidad— vuelve a regalarnos un nuevo día.

Encar
www.reflejosdeluz.net



Artículos relacionados