Las prisas y el caracol


Vives deprisa, atrapado en un torbellino de tareas por hacer. Corres, te agobias, intentas abarcarlo todo, deseando en esos momentos de agotamiento que el día tenga unas horas más para poder terminar lo que llevas entre manos.

¡Detente! Respira, piensa, organiza, analiza… A tu lado hay un caracol que avanza lentamente hacia ti. Apenas recorre un metro cada dos horas, pero no se detiene; sigue su rumbo, constante y seguro, hacia su objetivo.

Tú lo observas de reojo y sigues tu camino, impaciente ante su lentitud. Necesitas más velocidad, más resultados inmediatos. Pero el caracol no se inmuta. No te reclama atención, no se apresura. Simplemente avanza, paso a paso, hacia ti.

Mientras tú te sumerges en mil cosas, el caracol apenas ha avanzado un poco. Sin embargo, su meta es clara: llegar a ti. Y cuando finalmente lo haga, te susurrará un mensaje:

«Calma, calma… Despacio se llega lejos. Lo importante no es la prisa, sino avanzar.»

 
Encar
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