Lluvia de letras


Deja que la Palabra del Evangelio cale muy dentro de ti.
No te conformes con leerla como un texto más, ni permitas que se quede en la superficie de tus pensamientos. Que su mensaje atraviese el papel, toque tu alma y transforme todo aquello que te aleja de Dios y de tus hermanos.

Permite que cada palabra sea semilla fértil en tu corazón, que cada versículo despierte tu conciencia, que cada enseñanza moldee tu manera de mirar, de amar y de vivir.

Empápate de su sabiduría, de su consuelo, de su fuego silencioso. Que no quede solo en tus ojos ni en tu mente, sino que inunde tu cuerpo entero, tus gestos, tus decisiones, tu forma de caminar por el mundo.

Toma entre tus manos el Evangelio como quien abraza el Libro de la Vida, no como un objeto sagrado para contemplar desde lejos, sino como un compañero fiel que te ofrece guía, luz y esperanza.

No dejes de acudir a Él.
En días de alegría, te ayudará a agradecer.
En días de confusión, te mostrará el camino.
En días de dolor, te sostendrá en la fe.
Siempre tendrá para ti una palabra viva, actual, personal.

Lee, medita, interioriza… pero sobre todo, VIVE.
Vive desde esa lluvia de letras que cae sobre tu corazón y lo transforma.
Vive desde la Palabra que no condena, sino que levanta.
Desde la Palabra que no se impone, sino que invita.
Desde la Palabra que, cuando se encarna, hace nuevas todas las cosas.

Haz de cada día una respuesta concreta a lo que el Evangelio te susurra al oído y te grita al alma:
Ama, perdona, confía, comparte, y sé luz.

Encar
www.reflejosdeluz.net



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