
Cuando el cielo se vista de gris y la luz del día parezca esconderse, cuando la oscuridad de la noche amenace con empañar tu corazón y ocultar la grandeza que yace más allá de su sombra… ¡abre las ventanas!
Cuando la confusión nuble tu mente y te haga perder de vista el horizonte de tu camino, cuando la oscuridad amenace con ocultar la belleza del mundo exterior… ¡abre ventanas!
Las ventanas tienen una razón de ser: permitir que la luz entre en nuestros hogares. Sin ellas, todo sería envuelto en sombras…
Por eso, debemos abrir las ventanas de nuestra alma para permitir que la luz de Dios ilumine nuestro ser. Solo entonces podremos acoger su misterio, su pasión y su conexión única con el firmamento…
Abrir las ventanas es permitir que Dios entre en nuestro interior… ¡abre ventanas!
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