Evitamos tocar los cactus por miedo a lastimarnos. Son frutos de la naturaleza que destacan por su singular belleza, pero su apariencia espinosa nos aleja, impidiéndonos descubrir lo que guardan en su interior. Nos quedamos en la superficie, limitados a lo que nuestros ojos alcanzan a ver.En la vida, encontramos personas que, como los cactus, se rodean de púas para que no nos acerquemos. Son aquellas que protegen celosamente su esencia, evitando mostrarse tal como son, manteniendo una distancia con el mundo exterior. Pueden ser personas profundamente bellas, pero nunca lo sabremos, porque lo que sienten, lo que sueñan y lo que viven permanece oculto.
Nosotros también, a veces, nos vestimos de púas por miedo a ser heridos. Cuando no nos sentimos comprendidos o valorados en nuestra autenticidad, desplegamos esas defensas que hieren, cerrándonos a la posibilidad de mostrarnos verdaderamente.
Y aunque esas púas pueden ser necesarias en ciertos momentos, para protegernos y mantener a raya aquello que nos amenaza, debajo de ellas hay vida. Dentro de cada uno de nosotros hay agua, savia, frescura y vitalidad.
Cuando la vida te obligue a sacar las púas de tu interior, ¡no temas! Nada sucede por casualidad, y puede que esas espinas te enseñen que, tarde o temprano, tu verdad y tu esencia hablarán por sí mismas, sin necesidad de herir a los demás ni a ti mismo.
Encar
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