Pedalea con fuerza.
Tu destino es el mundo, no porque estés fuera de él, sino porque has sido llamado a vivir en él, por él y para él.
Encontrarás subidas empinadas que pondrán a prueba tu resistencia, pero también habrá descensos veloces que alivianen el esfuerzo y te permitan recuperar el aliento.
Pedalear junto a otros hará el camino más amable. Compartirás paisajes, pausas y conversaciones que darán sentido a la ruta. La vida, cuando se comparte, se vuelve más ligera y más plena.
Y si alguna vez te sientes solo, no temas. En la soledad también hay belleza: es allí donde se revela tu yo más auténtico, donde el silencio te habla y descubres la riqueza que habita en tu interior.
Sea como sea, no dejes de pedalear.
Sigue avanzando, con ritmo, con fe, con la certeza de que al final del camino hay quienes te esperan, dispuestos a celebrar cada paso, cada esfuerzo, cada vivencia que te ha hecho crecer.
Pedalea siempre hacia el mundo,
porque ese es el horizonte donde tu vida cobra sentido y donde tu entrega puede dejar huella.
Encar
www.reflejosdeluz.net




















