
Mi querida amiga Ana Rosa,
Ha llegado el momento de la despedida, y se me parte el alma por tu ausencia. Sin embargo, tengo la certeza de que ahora descansas, libre de dolores y sufrimientos, sonriendo junto a Dios y junto a tus seres queridos.
Hemos vivido años muy difíciles juntas, años de demasiado sufrimiento para alguien tan bondadosa y noble como tú. Dicen que Dios da sus peores batallas a sus mejores guerreros, y tú has sido su mejor guerrera. Siempre mantuviste la esperanza, siempre veías el lado positivo de la enfermedad y me alentabas a no desfallecer en el camino. Juntas, superamos muchos obstáculos y buscamos las pequeños claros que nos ofrecía un camino pedregoso.
Ahora, todo eso es pasado. Solo queda el amor que derramaste en la vida, el aliento que diste a quienes te rodeábamos, y tu sonrisa acogedora que decía: «Tranquilas, que no estoy tan mal. Esto pasará y me pondré bien.»
Hoy toca cerrar ese capítulo, pero en el libro de la vida los relatos se escriben por partes con un hilo común. Las páginas futuras también estarán cargadas de tu presencia, de tu vida, de todo lo que aprendí de ti y del impulso que recibiré de ti.
Tu cuerpo se ha consumido, pero tu espíritu siempre estará aquí porque siempre, vivirás en nuestro corazón. Querida Ana Rosa, ahora serás un reflejo de luz en este mundo y desde el cielo nos enviarás tus destellos.
Que Dios te bendiga, Ana. Gracias por estos años, gracias por tu vida y gracias por tu ejemplo.
Hasta el infinito.
Encar
www.reflejosdeluz.net




















